sábado, 1 de junio de 2019

Las fichas para el juego de la vida

A los asesores financieros se les ha hecho muy fácil plantear que “todos pueden ahorrar” e incluso recomiendan cuotas iniciales como el 10% de los ingresos, ¿alguien puede ahorrar 10% del salario mínimo?
La educación financiera tiende a tomar como punto de partida el ahorro, la importancia de diferir el consumo de hoy para lograr mayores beneficios en el futuro, quizá porque se parte del hecho de que sobrevivir significa que el individuo es capaz de cubrir sus necesidades básicas. El problema es que al tomar el ahorro como punto de partida se generan barreras psicológicas para aprender de finanzas: “si apenas salgo con lo que gano” o “si no tengo ni para la quincena”, son algunas de las muchas respuestas al hablar de ahorro, y con justa razón. La realidad mexicana es que las familias apenas subsisten, de acuerdo con los últimos datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) el 43.6% de la población mexicana se encuentra en situación de pobreza, es decir 53.4 millones de personas, ¿se les puede plantear el ahorro como camino a la superación de necesidades de alimentación y educación? 
Una manera más honesta y atractiva de invitar a la población a adquirir conocimientos financieros, sea cual sea su circunstancia económica, es mediante la generación de expectativas, primero las expectativas de satisfacer de mejor manera las necesidades básicas y segundo las expectativas del logro de metas personales, aunque el diagnostico, a la luz de los datos de ingresos de la población mexicana, puede ser menos optimista de lo que se quisiera. Lo primero que debe plantearse es si la administración de sus recursos al día de hoy permite algún margen de maniobra para satisfacer, o al menos, aproximarse a una línea de bienestar establecida caso por caso; no es lo mismo un planteamiento para un padre de familia que para un adolescente; sus responsabilidades son distintas, mientras que al primero puede corresponder cargar con las necesidades de alimentación de la familia completa, el segundo si podría enfocarse en el ahorro.
A través del diagnóstico podemos saber hasta dónde podemos llegar. Como en toda investigación, el primer paso es la observación. Todas las personas que generan ingresos formal o informalmente administran sus recursos, pero una aproximación formal siempre es el primer paso para lograr la eficiencia. Tomando en cuenta las necesidades constantes podemos identificar los elementos básicos de consumo: 
·         Alimentación
·         Vivienda
·         Transporte
·         Ropa/ gastos hogar
·         Gastos mantenimiento (luz, agua, internet, cable)
·         Deudas
·         Educación
·         Entretenimiento
Nuevamente, por el solo hecho de subsistir, se considera que por lo menos el individuo cuenta con los ingresos para cubrir los puntos anteriores.
El segundo paso es el planteamiento de metas financieras, ¿qué quiero para el futuro?, ninguna respuesta es incorrecta, de la misma forma que un joven puede aspirar a estudiar en una universidad extranjera, otro puede desear mantener recursos suficientes para disfrutar los fines de semana en su casa. Todo es personal.
El tercer paso en consecuencia sería analizar la forma en que dichos ingresos son destinados a las categorías anteriores, ¿en qué porcentajes se gastan los recursos? o ¿puedo modificarlos? Por ejemplo, ¿puedo modificar los gastos de vivienda hacia alimentación?, ¿puedo modificar mis gastos de entretenimiento para aumentar los de educación?, en este punto tampoco hay respuestas correctas o incorrectas todas las consideraciones dependerán del compromiso del individuo con su meta.
El siguiente paso, quizá el más subestimado en la enseñanza de educación financiera, es la confrontación con la realidad. Confrontar la realidad de forma realista siempre será más duro de lo que se quisiera. En un planteamiento de escenarios de corto, mediano y largo plazo, tomando el largo plazo como nuestra propia vida, iremos descartando poco a poco nuestros sueños hasta ajustar a su justa dimensión nuestras circunstancias y estas pueden ser tan desalentadoras como para descartar siquiera pensar en el largo y mediano plazo. Bajo una línea mínima de bienestar, cubrir las necesidades básicas del siguiente mes puede significar tener éxito en el cumplimiento de una meta. Tan catastrófico como suene, felicidades, tienes claras tus fichas para el juego de la vida.
Ahora sí, podemos hablar de ahorrar…

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