A los asesores financieros se les
ha hecho muy fácil plantear que “todos pueden ahorrar” e incluso recomiendan
cuotas iniciales como el 10% de los ingresos, ¿alguien puede ahorrar 10% del
salario mínimo?
La educación financiera tiende a
tomar como punto de partida el ahorro, la importancia de diferir el consumo de
hoy para lograr mayores beneficios en el futuro, quizá porque se parte del
hecho de que sobrevivir significa que el individuo es capaz de cubrir sus
necesidades básicas. El problema es que al tomar el ahorro como punto de
partida se generan barreras psicológicas para aprender de finanzas: “si apenas
salgo con lo que gano” o “si no tengo ni para la quincena”, son algunas de las
muchas respuestas al hablar de ahorro, y con justa razón. La realidad mexicana
es que las familias apenas subsisten, de acuerdo con los últimos datos del
Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) el
43.6% de la población mexicana se encuentra en situación de pobreza, es decir
53.4 millones de personas, ¿se les puede plantear el ahorro como camino a la
superación de necesidades de alimentación y educación?
Una manera más honesta y
atractiva de invitar a la población a adquirir conocimientos financieros, sea
cual sea su circunstancia económica, es mediante la generación de expectativas,
primero las expectativas de satisfacer de mejor manera las necesidades básicas
y segundo las expectativas del logro de metas personales, aunque el
diagnostico, a la luz de los datos de ingresos de la población mexicana, puede
ser menos optimista de lo que se quisiera. Lo primero que debe plantearse es si
la administración de sus recursos al día de hoy permite algún margen de
maniobra para satisfacer, o al menos, aproximarse a una línea de bienestar
establecida caso por caso; no es lo mismo un planteamiento para un padre de
familia que para un adolescente; sus responsabilidades son distintas, mientras
que al primero puede corresponder cargar con las necesidades de alimentación de
la familia completa, el segundo si podría enfocarse en el ahorro.
A través del diagnóstico podemos
saber hasta dónde podemos llegar. Como en toda investigación, el primer paso es
la observación. Todas las personas que generan ingresos formal o informalmente
administran sus recursos, pero una aproximación formal siempre es el primer
paso para lograr la eficiencia. Tomando en cuenta las necesidades constantes
podemos identificar los elementos básicos de consumo:
·
Alimentación
·
Vivienda
·
Transporte
·
Ropa/ gastos hogar
·
Gastos mantenimiento (luz, agua, internet,
cable)
·
Deudas
·
Educación
·
Entretenimiento
El segundo paso es el
planteamiento de metas financieras, ¿qué quiero para el futuro?, ninguna
respuesta es incorrecta, de la misma forma que un joven puede aspirar a
estudiar en una universidad extranjera, otro puede desear mantener recursos
suficientes para disfrutar los fines de semana en su casa. Todo es personal.
El tercer paso en consecuencia
sería analizar la forma en que dichos ingresos son destinados a las categorías
anteriores, ¿en qué porcentajes se gastan los recursos? o ¿puedo modificarlos?
Por ejemplo, ¿puedo modificar los gastos de vivienda hacia alimentación?,
¿puedo modificar mis gastos de entretenimiento para aumentar los de educación?,
en este punto tampoco hay respuestas correctas o incorrectas todas las
consideraciones dependerán del compromiso del individuo con su meta.
El siguiente paso, quizá el más
subestimado en la enseñanza de educación financiera, es la confrontación con la
realidad. Confrontar la realidad de forma realista siempre será más duro de lo
que se quisiera. En un planteamiento de escenarios de corto, mediano y largo
plazo, tomando el largo plazo como nuestra propia vida, iremos descartando poco
a poco nuestros sueños hasta ajustar a su justa dimensión nuestras
circunstancias y estas pueden ser tan desalentadoras como para descartar
siquiera pensar en el largo y mediano plazo. Bajo una línea mínima de
bienestar, cubrir las necesidades básicas del siguiente mes puede significar
tener éxito en el cumplimiento de una meta. Tan catastrófico como suene,
felicidades, tienes claras tus fichas para el juego de la vida.
Ahora sí, podemos hablar de
ahorrar…

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